La tarde a veces me desborda, se agolpan en mí mi propia visión de lo que soy y de cómo se fue mi literatura, y adivino que las lágrimas están agazapadas tras el cristal de mis lentes esperando aflorar en el primer silbido, en la primera mirada que nos crucemos intencionadamente. Aún quedan horas para que llegue la noche, interminables horas que no sabría resolver, si no fuera por esta mujer que tengo a mi lado y mis dos hijas que, sin saberlo, me soportan. Estaba feliz, apenas hace unos minutos era feliz, pero una niebla brutal, un oscuro silencio me recordó que mi padre ya no está a mi lado. Revisaré sus fotos hasta encontrar su sonrisa, que no debió apagarse nunca, o al menos tan pronto.
Abril 21, 2008
Abril 21, 2008 at 9:04 pm
Penélope te envía un beso silencioso… Yo también recuerdo su sonrisa pícara. Maravillosa.
Abril 27, 2008 at 9:23 am
Verdaderamente se fue demasiado pronto. Yo también le echo mucho de menos, no sabes cuánto… Un beso muy fuerte.
Abril 27, 2008 at 4:51 pm
Un beso, Chica, y mil gracias por asomarte a este blog.