Me olvido
de las sombras alienígenas
que me absorben la memoria,
y canto junto al oscuro silencio
que se ha instalado a mi lado.
Quiero romper
ese papel de cristal opaco
que cubre las palabras,
y no consigo más
que el niño que llora
con la urgencia del pan
y la miga del hambre.
No sé gritar,
no lo he hecho nunca,
y sólo lanzo el aire angustiado
del pobre cantor
que ya no canta,
y las sombras del mal
me cercan y me abrazan
y me parten en pedazos,
que luego se reparten
entre risas y risas
y dentelladas.

Mayo 23, 2008 at 9:28 am
Esos pedazos que se hacen versos
y asoman su opaco brillo,
la amalgama de respuestas,
la sensación de ausencia,
el vacío del umbroso pozo.
Y, mientras tanto,
no cabe el aliento
si no es con tu nombre
a mi espalda, cargada
de ese tu recuerdo.
Versos al aire… besos a los labios.
Un saludo afectuoso de paz, poesía y libertad.
Pedro Luis Ibáñez Lérida.
Mayo 23, 2008 at 10:30 am
Me ha gustado mucho este poema (y el tuyo también, Pedro). Lo siento muy cuidado en cada parte, cada sentimiento.
Un abrazo!
Mayo 24, 2008 at 7:50 am
Gracias, Pedro, por tus versos, me dan aire, y ahora lo necesito. Y a ti, Saray, por asomarte a este rincón, que cada día comparto com más amigos, como lo sois vosotros dos.
Mayo 26, 2008 at 3:55 pm
¡Hola, Luismi!
Acabo de descubrir tu blog. No sabía que lo tenías. Así que desde ahora ya tienes un nuevo y fijo lector.
¡Enhorabuena!
Un fuerte abrazo.
Mayo 26, 2008 at 5:14 pm
Querido amigo Fran, tenerte como visitante de este blog es todo un privilegio, y saberte como lector y parte de este pequeño paisaje literario que entre todos pintamos, aún más.
Un abrazo y feliz literatura.