Tengo una necesidad imperiosa de decirte te quiero. Decirlo aquí, en este blog que sé que no leerás nunca. Y no por desidia, que ya sé que no, ni por desinterés por lo que escribo, sino porque para ti esta maquinita que incesantemente me roba el tiempo no tiene nada que decirte ni aportarte, ni quieres que te robe también el tiempo a ti. Y haces bien con pensarlo, se vive mejor cuanto menos necesitas. Así que olvidaré este comentario que escribo, aquí lo abandono, e iré a buscarte a la cocina, donde sé que estás ahora preparando un biberón, y te abrazaré por la espalda y te diré te quiero, sin que sospeches siquiera que ahora, ya, te lo he dicho antes.
Junio 4, 2008
Junio 5, 2008 at 10:34 am
La tea encendida que disipa la oscuridad,
para aproximar su luz dichosa y bienvenida.
La luminaria con destellos sin pausa,
conteniendo ese breve chisporroteo…
La Palabra es un don preciado en tu voz.
Un saludo correligionario de paz, poesía y libertad.
Sigue haciendo camino, Hermano Poeta.
Pedro Luis Ibáñez Lérida
Junio 7, 2008 at 11:41 am
Gracias, Pedro Luis.
P.D.: Tengo que llamarte.