Estoy cansado. Apenas los párpados sostienen su compostura y un zumbido suena dentro de mi cabeza, como el ruido de una lavadora escuchado desde su interior. Aún queda mucho día, muchas horas que sacar adelante, llenas de pequeñas tareas cotidianas que, como burbujas de cava suben a la corona de la vida y tras un inapreciable plof desaparecen, y luego llegan otras y otras y otras… Al anochecer -pienso siempre- me sentaré un rato a leer El Cuerpo y las Olas de Manuel Vicent -cualquiera de sus páginas te reconforta- y adornaré un Jack Daniels con dos cubitos de hielo, pero las estrellas y la luna se alían con el silencio y derriban las pocas fuerzas que me quedan y caigo rendido en un sueño sin descanso, en un duermevela como el del soldado que cierra los ojos y vigila al mismo tiempo. Entonces, a la mañana siguiente, cualquiera de estas mañanas siguientes, intento evitar los grandes espejos, aquellos que me devuelven la imagen de quien no quiero ser y soy, y me robaron el reflejo de la niñez vivida, repleta de energía, de galletas de nata y eternas horas de verano, de ocio y de paz y noches enteras sobre sábanas blancas.
Junio 20, 2008
Grandes espejos
Posted by lamiradadelhombre under Reflexiones | Etiquetas: Reflexiones |[3] Comments

Junio 20, 2008 at 5:09 pm
¡Cuánta razón llevas!
Un fuerte abrazo.
Junio 23, 2008 at 12:15 pm
Desde la memoria que, como un caleidoscopio, recoge los matices de un espacio, una luz. Como la cinta casetes que, sin darnos cuenta, apretábamos rec y nos grababa la voz, y luego nos resultaba extraña. Como un vaso y plato Duralex de color desvaído y triste sobre la mesa. Incluso del palodú que desenterrabamos y arrancabamos con la dicha de haber encontrado un tesoro en las cercanías de campo que aún podían encontrarse, y que dejaron de existir para convertirse en la infraestructura del ladrillo y la ausencia de los hoy llamados espacios verdes…
La memoria herida por el tiempo, que nos encoge en los particulares recuerdos que nos acompañaran siempre. A veces, me desvinculo de cuanto a mi derredor habla de la realidad, y pienso que asciendo por el Puente de la Enramadilla con la bicicleta verde Mobylette GAC que me regaló mi tía.Mis padres no podían, y de hecho fue la bicicleta con la que aprendimos los cuatro hermanos. En el descenso veo, como entonces, los raíles del tranvía.Y más allá, el vacío de un tiempo que me guardo en el bolsillo del pantalón con rodilleras y descosidos y las estampas de fútbol asomando por aquél…
¿ Para cuando la cervecita..?
No te preocupes, Hermano Poeta. En breve quiero que hagamos un recorrido lúdicogastronómicopoético.. ya te contaré…
Eso sí, no podrán faltar los caracoles.
Un abrazo de vida.
Pedro Luis Ibáñez Lérida.
Junio 23, 2008 at 3:47 pm
Fran: Gracias por tu visita y por tu abrazo.
Pedro: De lo que me cuentas deduzco que valoras tanto el tiempo como yo, y que los recuerdos están siempre sentados a tu lado y de vez en cuando te hablan al oido y te dicen que el niño que fuiste ayer sigue existiendo, que no se fue a ninguna parte y que sólo a escondidas puedes abrazarlo y guiñarle un ojo y decirle ¡espera, espera, que luego hablamos!.
Espero impaciente ese recorrido. Un abrazo.