En memoria de Mario Benedetti.
Podrá haberse apagado su vida, pero no su palabra. Esa suerte sólo la tienen los poetas irrepetibles.
Mayo 19, 2009
En memoria de Mario Benedetti.
Podrá haberse apagado su vida, pero no su palabra. Esa suerte sólo la tienen los poetas irrepetibles.
Mayo 8, 2009
Lunes, 6:00 a.m.
Fueron imágenes sin palabras, los paisajes de Van Gogh aparecieron uno tras otros en la pantalla acompañados de violines y violas, creando un clima de cierta melancolía y un silencio poco común en aquella pequeña y madrugadora tasca. Algunos tomábamos café, otros, los más desesperados, aguardiente o ponche; sólo el taxista acariciaba una cerveza, mientras su amigo -el guardia jurado- jugaba a la maquinita del rincón, la de las manzanitas rojas, como siempre. Ramón, el camarero, se ataba el trapo al delantal mientras fumaba, y todos quedamos absortos mirando al televisor, contemplando la belleza de aquellos colores, de aquellos lienzos mágicos. Yo desvié la mirada disimuladamente para observarlos:… a los pintores con sus monos llenos de gotas blancas, al albañil con la cesta del almuerzo y las gafas rotas, al taxista, al guardia jurado de espaldas a su suerte, a Ramón ya cansado, a mí mismo… Todos absolutamente quietos, espectadores de las imágenes, como si alguna mano maestra también nos hubieran pintado a nosotros. Fue entonces cuando comencé a pensar en las últimas rosas que tuve en mis manos antes de regalarlas, y en la otra persona que también soy yo cuando me dejo,… y ahora me pregunto en qué pensarían los otros en aquellos minutos que duró ese inmenso paseo por los paisajes de Van Gogh.