No digo que no rompas
el orden del ocaso,
que no arranques la luna
de su sitio
y la enfrentes al sol
hasta que se rinda.
No digo que no enciendas
la noche
y vigiles su silencio;
lo único que pido
es que dejes para mí
el último instante.
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septiembre 6, 2011 at 10:21 pm
Ese último instante que tanto se quiere ignorar, y tan inevitable.
Ya sea del día, o de la vida.