Hoy he vuelto a mi blog como si fuera un extraño, alguien de paso que se asoma a la ventana de una vieja casa, abandonada hace meses. Las sábanas cubren los muebles y un halo leve de polvo pulula sobre las lámparas y los papeles de la mesa. He encontrado las llaves, después de hurgar en los bolsillos del silencio, y he abierto la puerta pensando que ya era hora de hacerme una visita. Yo no estaba allí, no vivía en aquel lugar desde hacía tiempo y se notaba. Anduve de cuarto en cuarto repasándolo todo, debatiéndome entre el miedo a perderme y la indiferencia, como si todo aquel legado ya no fuera mío sino de otros. Y al final, sentado en el sillón que nunca tuve, abro una botella de Perpignan y, a sorbos, decido que aún no he muerto, que tengo unas terribles ganas de respirar.
Cosas que pasan un domingo cualquiera.
diciembre 11, 2011 at 10:23 pm
Buena señal…las aguas vuelven a su cauce.
Un abrazo.
Pepe Gonce
diciembre 12, 2011 at 1:07 pm
Me alegro muchísimo de tu reencuentro dominical. Cualquier día es bueno para una buena introspección. Un fuerte abrazo, compañero.
diciembre 16, 2011 at 10:45 pm
Nunca es tarde si el Perpignan es bueno.
Permíteme que cometa un allanamiento de morada, me cuele en tu vieja casa y te acompañe con un brindis, sentado a tu lado, en otro sillón que tampoco nunca tuvimos, mientras charlamos hasta el amanecer de los viejos tiempos…
Te sigo esperando por Madrid para hacer tangible este brindis virtual.
Saludos.
diciembre 26, 2011 at 6:43 pm
Muchas gracias los tres por vuestras palabras. La verdad es que aún me soprende que alguien dedique un minuto de su vida a leer lo que escribo.
Gracias de verdad y un abrazo.
P.D.: Paco, no dudes que se bridis tendrá lugar.