Literatura


En memoria de Mario Benedetti. 

Podrá haberse apagado su vida, pero no su palabra. Esa suerte sólo la tienen los poetas irrepetibles.

 

 

 

Cuando todos los siglos vuelven,

anocheciendo, a su belleza,

sube al ámbito universal

la unidad honda de la tierra.

 

Entonces nuestra vida alcanza

la alta razón de su existencia:

todos somos reyes iguales

en la tierra, reina completa.

 

Le vemos la sien infinita,

le escuchamos la voz inmensa,

nos sentimos acumulados

por sus dos manos verdaderas.

 

Su mar total es nuestra sangre,

nuestra carne es toda su piedra,

respiramos su aire uno,

su fuego único nos incendia.

 

Ella está con nosotros todos,

y todos estamos con ella;

ella es bastante para darnos

a todos la sustancia eterna.

 

Y tocamos el cenit último

con la luz de nuestras cabezas

y nos detenemos seguros

de estar en lo que no se deja.

 

Juan Ramón Jiménez

Cincuenta años de su muerte

Mira, Platero, los burros del Quemado; lentos, caídos, con su picuda y roja carga de mojada arena, en la que llevan clavada, como en el corazón, la vara de acebuche verde con que les pegan…

… De aquellos burros del arenero a éstos de hoy que cargan reinas; todo un honor para la reina, claro. Felicidades señor burro, al menos no es mojada arena.

 

 

Que hoy me levante bajo la fuerza del cielo,

bajo la luz del sol,

bajo el resplandor de la luna.

 

Que me levante con el esplendor del fuego,

con la velocidad del relámpago,

con la rapidez del viento.

 

Que me levante con el apoyo del fondo del mar,

de la estabilidad de la tierra,

de la firmeza de la roca.

 

Que los nueve poderes

me rodeen por encima,

por debajo y alrededor.

 

 Bendición Tradicional Irlandesa