A mi amigo Antonio López Luna, inspirador de esta historia.

 

la-sombra-de-peter-pan1Olga comenzó a andar hace unos meses. Al principio titubeaba –como lo hicimos todos- hasta que poco a poco fue afianzando sus pasos y ahora corre como una gacela sobre el asfalto. Algunas veces se cae y sus lágrimas brotan como símbolos de su pequeño fracaso, pero lo olvida enseguida, lo destierra de su mente como si nunca hubiera pasado; ojalá mantuviera ese espíritu siempre.

Hace unos días, mientras esperaba en el patio del colegio la salida de su hermana Clara (su Tata), descubrió su sombra. Estaba allí delante de ella, profundamente negra, y comprobó cómo ésta se movía con cualquiera de los guiños de su pequeño cuerpo; nunca la abandonaba. Luego jugó a intentar pisarla, corría y corría por el inmenso patio intentando pillarla en un renuncio… No lo consiguió nunca, pero reía, sonreía con su nueva e inesperada amiga que la acompañaba en sus juegos. Yo, dada la velocidad que cogió en su vuelo, la llamé de lejos… ¡Olga, ven para acá, anda!, y ella vino hacia mí, como lo hace siempre, con los brazos abiertos, las coletas, y mirando al suelo precipitadamente. Cuando llegó a mi altura, subió la cabeza, sorprendida, asustada diría: su sombra ya no estaba delante de ella -el sol le daba de frente- ¿One etá?, preguntó, y yo la abrace sonriente, con todo el amor que cabe en mi pecho, y le dije que sería Peter Pan quien la habría cogido, y que por la noche se la devolvería intacta nuevamente.

Pasaron las horas, ella olvidó su sombra, y tras la cena se quedó dormida atada a su chupe por el meñique izquierdo. Durmió como los ángeles y os aseguro que escuché su risa entre sueños. A la mañana siguiente, Olga despertó como siempre a la voz de Tata y El bibi, intentando paliar sus primeras urgencias. Luego posó sus pies en el suelo y reconoció su sombra reflejada con las primeras luces de la mañana. ¡Ahí etá!, me dijo, como si hubiera entendido que Peter Pan cosió de nuevo su sombra a las suelas de sus zapatillas rosas, y lo que no sabe es que Campanillas le hizo cosquillas en la nariz, con sus alitas de libélula-hada. Pero esa ya es otra historia que algún día le contaré, quizás mañana.

Águilas de piedra

con libros en las manos

leen mis versos.

No estoy solo.

 

Y al escribir mi nombre

tímidamente,

caen trozos de tiza

sobre mis pies.

No estoy solo, me digo.

 

Tinta de pared,

cristales de cal,

lágrimas de trazo oscuro.

 

No estoy solo

porque el pulso

rompe la piel a diario

y remueve las líquidas vértebras

de mis manos,

y las horas pasan

y tienen final

en la bucólica noche

de los ciegos.

 

No estoy solo

en este urbano desierto

que soy,

aunque no haya agua,

aunque no haya oasis,

ni voces que te avisen del abismo,

no estoy solo.

 

Águilas de piedra

me acompañan

con libros en las manos

y en sus picos

gotas de agua olvidada

de otro tiempo

que aún no ha llegado.

 

 

Aún sueño con tus ojos 1

 

 

Aún soñamos con tus ojos tremendamente abiertos, queriendo descubrir el mundo mucho antes de que llegaran nuestros labios a tu carita recién nacida. Bajo la lamparilla de calor de la misma sala donde naciste, creímos adivinar tu primera sonrisa y esa imagen se quedó con nosotros para siempre. Hoy, que cumples diez años, queremos darte el mismo beso de aquel día, en los mismos ojos que aún nos enamoran a cada mirada.

 Aún sueño con tus ojos 2

 

Feliz cumpleaños, princesa, que sea el día más feliz de tu vida, y también mañana, y el otro, y el otro… ¡Te queremos tanto!.

el-olvido-de-uno-mismo1Nuevamente me levanto, y me acomodo en mi silla de la noria de los días cotidianos. En el centro, el tiempo hace girar con su manivela este carrusel que me parece interminable, y apenas hay distancia entre lo que hice ayer a esta misma hora y el paisaje que ahora contemplo frente al espejo. La rutina no conoce más olvido que el de uno mismo.

Sé que estoy llorando, y mis lágrimas son palabras que caen al vacío del silencio y la memoria, son los versos que se ahogan en el agua y se disuelven con la espuma de afeitar que acarició mi rostro, apenas hace un rato. El aroma del café recompone los recuerdos, me ayuda a organizar mi agenda, y a repasar minuciosamente cada frase escrita en mi cuaderno de bitácoras. Te quiero, es la única certeza que tengo mientras espero apoyado en la pared -de nuevo espero- el autobús que me lleva puntualmente al trabajo. Es martes, o lunes, o jueves, ya eso apenas importa. Sólo un silbido del azar, un segundo que huya de su tiempo, puede hacerme nacer otra vez tímidamente.

Veo despegar un avión, elevarse sin miedo, y con mis ojos alcanzo a seguirlo hasta el horizonte. Me he ido en él, ya no existo, he bajado un instante del carrusel de olvido, y he visto desde el cielo lo cercano que está el abismo del lugar donde habito. Un mal paso, un descuido quizá, y la noche se convierte en la única luz posible y eterna. Sólo al mirar tus ojos intuyo que la soledad no me visitará nunca y que en tus besos está ese silbo que me hace olvidar el olvido de uno mismo.

Trescientos niños han muerto desde la invasión de Israel al pueblo palestino, más de mil vidas interrumpidas de pequeños desde el año 2000 por el ejército israelí. Los indolentes justifican este horror, esta guerra, este odio y hacen gala del olvido; a los diez minutos de su discurso, ya apenas lo recuerdan. Si yo fuera Dios, o el dueño del Universo, les daría a todos ellos una vida placentera y tras su muerte, los reencarnaría en cada uno de los niños que tiran piedras contra tanques de hierro unos segundos antes de que los alcance una bala; justo así, unas mil veces, y luego les volvería a pedir una opinión.

 

Lluis Llach (1988) - Palestina

Cada mañana me levanto, casi a ciegas, buscando esa pequeña libreta azul que me dice lo que tengo que hacer cada hora. Apenas me deja un segundo de descanso. En ocasiones -pienso- que entre sus líneas blancas está escrito el argumento de mis sueños. Y es que esa libertad con la que siempre soñé cada vez está más lejos de mis manos. El tiempo y el camino que yo mismo voy trazando, me apartan a cada paso de ella, la deshacen, llora de frío como aquel pinchón de nieve al que José Hierro escribió uno de los poemas más bellos del mundo. Mis amigos y algunos familiares me dicen que la única forma de hacerme hacer las cosas es bajo presión, y es cierto; las hago, probablemente bien, pero no disfruto ni un átomo de ellas, no encuentro más motivación que quitarme esa carga pesada de encima de tener cosas pendientes, tacharla de mi puta libreta azul y buscar la siguiente… Porque sólo puede disfrutar uno y sentirse realizado con lo que hace uno cuando quiere hacerlo y no cuando esta ley del más fuerte (físico o mental o social) lo impone. Supongo que mi eterna cobardía, o mi torpeza (a los que muchos ya casi halagan), me harán arrastrar este ancla clavada en el fondo del mar hasta los últimos días de mi vida, hasta que llegue ese instante en que uno ve con claridad absoluta que todo fue mentira y la única verdad está cada vez más cerca.

de-como-vino-al-mundo-la-oracion

“… de manos que juntaron su hermosura

para calmar, en la extensión nevada,

su angustia al hombre y su abandono al viento.”

 (De cómo vino al mundo la Oración - Luis Rosales)   

 

Probablemente sea en estas fechas cuando nos atrevemos a decir palabras que descartamos pronunciar en los días cotidianos. Por eso, quería agradeceros a todos los que visitáis este blog -que apenas cumple un año de vida- el acogimiento que le habéis dado, que me ha hecho feliz y ha hecho desaparecer esa angustia constante que siente el hombre, y desterrar el abandono que a veces se asoma a mis acontecimientos diarios.

Feliz Navidad y Feliz año 2009, Año Internacional de la Astronomía, la Reconciliación y el Aprendizaje sobre los Derechos Humanos (según la ONU) y -lo más importante- Año Internacional del Gorila y Año del Buey, según el calendario chino, claro.

Que sea el más feliz de vuestras vidas.

Un abrazo.

 cada-vez-mas-cerca1

 

Me adelantas en vida.

Tu corazón late

como timbal en la selva

que llama a la lluvia,

y yo sé que el amor…

 

Derramarás lágrimas

esparcidas en la arena,

te digo sin palabras.

 

Y de lejos el tam-tam

que lo árboles protegen

te anuncia,

hasta el día que ya está

cada vez más cerca.

El 27 de noviembre hará diez años que murió la poeta Gloria Fuertes. Para muchos es una voz en el recuerdo de la niñez, para otros su poesía no era -es- una poesía eterna. Para mi, que encontré sus poemas más íntimos pocos días después de abandonar mi niñez, es –era- y será una poeta de las que no quiero olvidar. Os dejo su poema Isla ignorada, leedlo con tranquilidad, con detenimiento, sin más prisa que la que marque el ritmo del verso, y descubriréis que está hablando de cada uno de nosotros.

 

  

 

                                                                ISLA IGNORADA

 

Soy como esa isla que ignorada

late acunada por árboles jugosos

-en el centro de un mar

que no me entiende,

rodeada de NADA,

sola solo-.

Hay aves en mi isla relucientes

y pintadas por ángeles pintores,

hay fieras que me miran dulcemente,

y venenosas flores.

Hay arroyos poetas

y voces interiores

de volcanes dormidos.

 

Quizá haya algún tesoro

muy dentro de mi entraña.

¡Quién sabe si yo tengo

diamante en mi montaña,

o tan sólo un pequeño pedazo de carbón!

Los árboles del bosque de mi isla

sois vosotros, mis versos.

¡Qué bien sonáis a veces

si el gran músico viento

os toca cuando viene del mar que me rodea.

 

A esta isla que soy, si alguien llega,

que se encuentre con algo es mi deseo

-manantiales de versos encendidos

y cascadas de paz es lo que tengo-.

Un nombre que me sube por el alma

y no quiere que llore mis secretos;

y soy tierra feliz -que tengo el arte

de ser dichosa y pobre al mismo tiempo-.

 

Para mí es un placer ser ignorada,

isla ignorada del océano eterno.

En el centro del mundo sin un libro,

SÉ TODO, porque vino un misionero

y me dejó una Cruz para la vida

-para la muerte me dejó un misterio-.

hace-un-ano

Asomaste tu carilla asustada por entre los lomos más perfectos del mundo.

Me miraste y lloraste al instante;

así llegaste al mundo.

Tus ojillos de cristal ya decían que serías feliz para siempre…

Y ahora, hoy, que hace un año que naciste,

cambiaste el llanto por la sonrisa

y me recuerdas que la vida es bella,

ya verás…

 

Feliz Cumpleaños, pequeña.

  

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