abril 2008


 

Que hoy me levante bajo la fuerza del cielo,

bajo la luz del sol,

bajo el resplandor de la luna.

 

Que me levante con el esplendor del fuego,

con la velocidad del relámpago,

con la rapidez del viento.

 

Que me levante con el apoyo del fondo del mar,

de la estabilidad de la tierra,

de la firmeza de la roca.

 

Que los nueve poderes

me rodeen por encima,

por debajo y alrededor.

 

 Bendición Tradicional Irlandesa

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La tarde a veces me desborda, se agolpan en mí mi propia visión de lo que soy y de cómo se fue mi literatura, y adivino que las lágrimas están agazapadas tras el cristal de mis lentes esperando aflorar en el primer silbido, en la primera mirada que nos crucemos intencionadamente. Aún quedan horas para que llegue la noche, interminables horas que no sabría resolver, si no fuera por esta mujer que tengo a mi lado y mis dos hijas que, sin saberlo, me soportan. Estaba feliz, apenas hace unos minutos era feliz, pero una niebla brutal, un oscuro silencio me recordó que mi padre ya no está a mi lado. Revisaré sus fotos hasta encontrar su sonrisa, que no debió apagarse nunca, o al menos tan pronto.

Olga siempre necesita el chupe para dormirse, desde su primer día de vida, que fue hace ya más de cinco meses. Yo creo que se concentra en ese pequeño trozo de gomita que rodea sus diminutos labios y en el movimiento acompasado e innato de succionar como si se le fuera la vida. A mi -no puedo evitarlo- me recuerda a Maggie, la pequeñita de Los Simpsons,y me río para mis adentros cada vez que la veo.

Anoche su mirada era diferente. Era ya muy tarde y no conseguíamos que se durmiera, a pesar de las mecidas y las canciones. No lloraba, sólo clavaba sus dos pequeñitos ojos claros en mis ojos, sin pestañear ni hacer ningún gesto siquiera. Mi mujer y mi hija mayor, ya derrotadas, se fueron a la cama, y yo me quedé sólo en el salón con la pequeña pensando en alguna solución y en prepararme un chupito de ron que me templara los nervios y la paciencia. Olga seguía con sus pupilas mis torpes pasos sin decir absolutamente nada. Me acerqué al carrito donde estaba, emitió una sonrisa, y mi mano se posó sobre su carita acariciando cada centrímetro de su piel. Entonces cerró sus ojillos, se acomodó hacia un lado, y su respiración me fue delatando que lo que quería era una caricia, una simple caricia, más que una canción o las mecidas que, nerviosamente, no hacían más que despertarla. ¡Se ha dormido!, me dije, me tomé el buchito de ron y la pasé a su cunita sin almohada. Olga ya sabe lo que quiere y ha aprendido a hablar con su mirada.

Los Norios Tabernarios

-¿Qué falta por ahí?-, dijo el pequeño camarero dando un saltito tras la barra del bar. Honorio, aún sin aliento, atinó a contestar –Pues mire, falta de todo. Déjeme respirar un poquito y enseguida le atiendo-. Volviéndose hacia sus colegas, les recriminó la hora de la llamada. –Estaba en pijama, señores. Las doce de la noche no son horas para llamar a un amigo y citarlo- y en tono más sosegado se llevó la mano hacia la boca, y tras una sonrisa y un gesto cómico, dijo – Me he comido una magnífica tortilla francesa en casa. ¡Camarero!, un Cutty Sark. En vaso ancho, por favor-

 

Honorio es letrista de Cabaret y amante de la gastronomía. Sus conferencias y escritos lo avalaban, pero allí estaba como amigo de los Norios Tabernarios de Carmona, una asociación fundada por cuatro amigos amantes de las tabernas, su cultura y sus cantes. Tuve que apuntar sus nombre para luego recordarlos –soy muy malo para eso- pero si recuerdo su candidez, su amistad entregada desde el primer apretón de manos, y su arte perceptible desde el primer brindis. Del nombre de Honorio si me acuerdo a la primera, por la rima que uno de ellos hizo –¡Honorio, qué gran Norio!- y porqué no paraba de hablar y de contar miles de cosa. Mi amigo Antonio le preguntó por el origen de la tapa sevillana. Honorio empezó a hablar de Cervantes, de Quevedo –avisillo del estómago, le llamaba- del barroquismo de las tapas actuales –sobran patatas, y lechuga- y al final lo invitó a su próxima conferencia sobre este tema. José María, Norio y editor de libros de gastronomía casi poéticos, le dijo –Lo que tienes que hacer es acabar aún la del año pasado, que la dejaste a medias-. Yo le hablé de la zarzaparrilla, de lo que me hablaba mi padre, y el entusiasmo fue increíble. En una esquina, José Luis, secretario de Los Norios y pintor de profesión, enseñaba fotos de sus cuadros, pintados a personajes de las tabernas; unos cuadros de una calidad excelente, que le daban para vivir y para beber. Fernando, el Presidente de Los Norios llamaba a su mujer para aconsejarle que se acostara, que ya volvería, y que si tenía miedo que apagara la película que estaba viendo. Colgó y brindó de nuevo: no era el tiempo una frontera de los que estábamos allí, y eso era para celebrarlo. El camarero se persignaba ante una clienta que le pedía la cuenta. –La zarzaparrilla es la madre de la Coca-Cola y estoy dispuesto a demostrarlo- decía Honorio –escribe, amigo, escribe todo lo que recuerdes, todo lo que te contó tu padre; es necesario que lo hagas- Yo, animado entonces, le hablé de la Bella Charito, y de cómo mi abuelo fue detenido en una de sus actuaciones. Honorio comenzó a cantar una de sus canciones, algo de una pulga, y brindó una vez más con su Cutty Sark por el encuentro. En la puerta, ya a altas horas, nos abrazamos todos y nos citamos para otra ocasión sin fecha.

  

El encuentro entre Los Norios Tabernarios de Carmona y Apoloybaco: algo irrepetible y que quedó en el aire de la noche de Sevilla, para recuerdo de los que estábamos allí… Y para los que no estaban, escribo en este blog, aunque dudo mucho que a nadie le importe.

Lamiradadelhombre comienza, y un susurro de palabras ya aparece en el horizonte. Lamiradadelhombre busca, y en esa búsqueda incesante vino a encontrar este blog donde posar, detenidamente, las reflexiones, los deseos, los miedos, las torpezas y esas sensaciones que no podría expresar de otra manera, ni en ningún otro lugar.

Te invito a que me acompañes en este viaje de Ulises, en esta aventura cibernético-literaria, donde no dejaremos de escuchar el canto de las sirenas. Te invito a compartir esta esquinita de la red, donde encenderemos la chimenea o abriremos las ventanas, donde descorcharemos botellas de vino, y un solo de Ben Webster acompañará nuestras palabras.