La tarde a veces me desborda, se agolpan en mí mi propia visión de lo que soy y de cómo se fue mi literatura, y adivino que las lágrimas están agazapadas tras el cristal de mis lentes esperando aflorar en el primer silbido, en la primera mirada que nos crucemos intencionadamente. Aún quedan horas para que llegue la noche, interminables horas que no sabría resolver, si no fuera por esta mujer que tengo a mi lado y mis dos hijas que, sin saberlo, me soportan. Estaba feliz, apenas hace unos minutos era feliz, pero una niebla brutal, un oscuro silencio me recordó que mi padre ya no está a mi lado. Revisaré sus fotos hasta encontrar su sonrisa, que no debió apagarse nunca, o al menos tan pronto.

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