Me olvido

de las sombras alienígenas

que me absorben la memoria,

y canto junto al oscuro silencio

que se ha instalado a mi lado.

 

Quiero romper

ese papel de cristal opaco

que cubre las palabras,

y no consigo más

que el niño que llora

con la urgencia del pan

y la miga del hambre.

 

No sé gritar,

no lo he hecho nunca,

y sólo lanzo el aire angustiado

del pobre cantor

que ya no canta,

y las sombras del mal

me cercan y me abrazan

y me parten en pedazos,

que luego se reparten

entre risas y risas

y dentelladas.

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