Que la vida es un poema de interminables rimas no puede negarlo ningún poeta. Languidecen algunos de sus versos, otros palpitan al compás que marca el corazón, y éstos que hoy vivo son malos versos. Mi pequeña Olga está en el hospital desde el jueves, su reflujo gastroesofágico le quemó el esófago y le impide tomar sus biberones o sus primeros encuentros con el manjar de las frutas. Entre las lentas horas junto a su cuna hospitalaria y estos minutos de ducha y descanso en casa, me asomo a este blog para dejar escrito un enorme deseo de que se recupere pronto. Un beso, pequeña, ahora nos vemos.

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