Dejo su pequeño cuerpo sobre las sábanas y me echo a su lado a contemplar la luna de su cara. Un suspiro aún sale de sus labios y deja caer sus manitas hacia atrás, entregada a la noche y al calor del verano. Suenan a lo lejos platos chocando en fregaderos anónimos que maldigo. Entonces, siento una mano que besa mi hombro y que, con voz invisible, me dice… un día más, descansa.

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