Trescientos niños han muerto desde la invasión de Israel al pueblo palestino, más de mil vidas interrumpidas de pequeños desde el año 2000 por el ejército israelí. Los indolentes justifican este horror, esta guerra, este odio y hacen gala del olvido; a los diez minutos de su discurso, ya apenas lo recuerdan. Si yo fuera Dios, o el dueño del Universo, les daría a todos ellos una vida placentera y tras su muerte, los reencarnaría en cada uno de los niños que tiran piedras contra tanques de hierro unos segundos antes de que los alcance una bala; justo así, unas mil veces, y luego les volvería a pedir una opinión.

 

Lluis Llach (1988) – Palestina

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