Comparado con la eternidad, cuatro minutos y veinte segundos no son nada. Ya sé que tenéis prisa, pero pararos este tiempo y dedicaros unos momentos simplemente a escuchar Jazz.

Cerrad los ojos, chasquead los dedos y seguid con la cabeza y los pies el swing que tiene este tema de Diana Krall; una buena recompensa a un ajetreado día de trabajo o de placer.

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