Esa niebla persistente

Cada ciertos pasos, aparece en mi cabeza esa niebla persistente que no me abandona nunca, ni me deja ver el horizonte. Soplo, inconscientemente soplo, e intento deshacerla, atisbar las sombras que huyen de mí si intuyen mi mirada. Cierro, entonces, los ojos y busco un lugar profundo donde dormitar en silencio entre los brazos de mi padre, y allí me relajo, sintiendo su fuerza acurrucándome y sus besos en mi coronilla deshabitada. Y me parece escuchar aquel te quiero que no me dijo nunca. Y me parece, al fin, recordar la luz que decora la mañana.