Somos plural,

eses interminables sesteando al final de la jornada,

sonidos que retumban como el eco

de chiquillos que sonríen

y a carcajadas nos deslumbran.

 

Somos plural,

como la cálida voz del sereno

que pasa las noches anunciando las horas,

mientras damos campanadas

a golpe de colmillos

y a golpe de caderas.

 

Somos plural,

ese seseo inadvertido de tu voz

pidiendo silencio desde la ventana de tu falda

desabrochada,

o como el silbido de aire que dibuja tu pelo

en tu hombro,

o como las hojas del  libro que se desnuda

deshilándose.

 

Somos plural,

somos más que dos,

somos uno;

camino y vereda,

tierra y aroma de amapolas rojas

que se sonrojan al oírnos y al mirarnos.

 

Vuela el secreto en el polen

y en los labios de los pájaros,

que no se lo dirán a nadie.

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