Dos buenos amigos -y mejores poetas- me pidieron hace un tiempo un poema,  con la idea de que formara parte de una antología poética, de diversos poetas, que estrechara los lazos que unen el cine y la literatura (edición que espero algún día vea la luz). Entonces escribí este poema, concretamente sobre una escena de la película “Ojos Negros”, del director Nikita Mikhalkov, rodada en 1987; para mí una obra maestra y que me dejó una profunda huella. Esa huella la representa exactamente la escena que ocurre en el minuto 37 de la película, entre Romano Patroni (Marcello Mastroianni) y Ana (Marthe Keller), en el preludio de una tormenta. Para mí, una de las escenas más bellas de amor de la historia del cine.

Os dejo con la escena y, seguido, el poema escrito.

 

 

 

 Preludio inefable de una tarde de tormenta

 

El vaivén de las hojas nos predice

el preludio inefable de una tarde de tormenta.

 

La mirada baja,

la mano que reposa en la boca,

son recuerdos;

gorriones furtivos, imaginarios,

que cuentan historias de otro tiempo

de guante blanco y bastón de caña.

 

Son vigías de la nada,

olas de risa que arrebatan un sombrero

y lo hacen besar labios de barro humeante.

 

Ya no hay prisa,

sólo un hombre que desciende lentamente

y atrapa una flor, en el rescate, a su paso. 

 

Son recuerdos,

son jirones de brisa en el espacio

de una mano que tiembla

ya de amor, ya de tiempo.

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