agosto 2011


 

No digo que no rompas

el orden del ocaso,

que no arranques la luna

de su sitio

y la enfrentes al sol

hasta que se rinda.

 

No digo que no enciendas

la noche

y vigiles su silencio;

lo único que pido

es que dejes para mí

el último instante.

 

Llévame contigo,

-llévame ahora-

llévame a donde sea

calina y viento del sur,

mi aliento.

 

Llévame

a las horas deshiladas de la noche,

y viérteme al mar

en las olas de luna blanca.

 

Llévame entonces

a donde no quede

nada de mí

y luego

duerma y respire

para siempre a tu lado.

 

Llévame y así

seré todo el destino

un ir y venir

sin remedio.