Todavía

huelen mis manos

a jabón de albahaca.

Tantas horas

dejaron rastros, huellas,

señales imborrables

que ya me incriminan

para siempre,

que podrías utilizar contra mí

si alguna vez negara

que te he tenido.

 

Pero eso

no pasará,

mis dedos son

hierros que marcan

estelas de esa flor

a cada lado de la piel,

inevitablemente.